Cielo es estrellado y expresivo. Llueve, anochece. Lodo, urgencia
por llegar a casa. Esa avenida entre plantaciones de maíz, callejuelas
como de provincia, la estación de policía.
Extraviar el rumbo de regreso, el recuerdo entretejido: veredas, periféricos, casa de mi tía Carmen; Chapultepec, haciendo cola; sala de abordaje; de la escuela al metro; camiones, taxis, el asedio policíaco; avenidas multiflujo, en moto; abruptamente en la montaña rusa, a punto caer soltado; club deportivo de piscinas, trampolines; instalaciones de una empresa de la que escapo por ventanas y azoteas; qué bahía de yates aparcados, volada en parapeto, surfeada en imposibles ríos, ahogada en olas monstruo; casa de mi tía Chata, más grande y con fantasmas…
Llegar también a casa a veces, como era antes. Cocina más pequeña. Es el crepúsculo antes de los ovnis. Ventanas de los vecinos, abiertas. Sopla el viento. Cielo de color indescriptible azul violáceo terso. Refri. La presencia de mi madre. Prisa.

El leerlo me aceleró el corazón, así de eso que tienes que suspirar para mantener el aliento.
ReplyDeleteAkasha te amo
ReplyDeleteQué belleza, niño... y con ganas de seguir leyéndote. Que las letras nunca mueran. Un abrazote. Lo campartí en mi wall de facebook
ReplyDeleteasí como yo me he quedado con ganas de seguir leyéndote por más de no sé cuántos años?!? :)
Deletegracias por tus palabras Lucy