Me sorprende esta idea: que un solo pensamiento pueda transformar la composición química entera del cuerpo, su ánimo y percepción del mundo, por lo tanto.
La técnica de romper el jarrón es darse cuenta de estar siendo presa del pensar vampiro y en ese mismo instante ser capaz de detener su curso, dejar de hablarse a uno mismo en la conciencia. Incorporar la práctica de deshacerse lo más pronto e intacto posible de la actividad de intelectualizar. Romper el jarrón. Dejar de analizar pendientes. Parar de preocuparse y decirse cosas en la mente.
*
Aunque, al final de las cuentas, ¿qué podría uno saber acerca
de lo que piensan, hacen, o pueden hacer en su fuero interno los demás? Opino
que si puedo imaginarnos a todos libres de la intrusión vampira, muy
probable es que este escrito responda únicamente a cierta confusión mental mía.
Y lo seamos todos ya, o lo hayamos sido siempre. Sí, justo ahora puedo verlo,
todos dueños de su propio bienestar, todos libres de vampiros.

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