Tuesday, May 14, 2013

iguana



Subo por las escaleras de una escuela. ¡Es la secundaria!
Veo a Arteaga en un salón e inesperadamente también a Edgardo, al frente, sobre una rama al interior de una especie de vitrina. Parece dormido, pero atento. Permanece inmóvil en posición de lagartija, con postura y actitud de iguana. Imponente, mágico.

Me siento junto a Daniel.
Mi hermano sabe que estoy ahí y me enseña algo sin decirlo, sin siquiera abrir los ojos, dice: “así: inmóvil”. Sus dedos son más grandes, más fuertes y prensiles. Dedos de agricultor, pienso.

Arteaga dice nada. Llega la maestra.
Al salir voy dirección al Norte, en moto, hacia la casa, los brazos firmes, fijos, conduciendo, en la misma posición que estaba Edgardo. Irrumpe entonces un recuerdo antiguo, de ser sólo vuelo, raudo y de ave, y me digo entusiasmado a mí mismo: “sí: así”.



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